ESTAR BIEN POR ENCIMA DE TODO. CONDICIONES DEL ADULTO QUE MEJORAN LA RELACIÓN CON LOS NIÑOS Y NIÑAS

La situación actual está generando malestar y, con frecuencia, situaciones de verdadero estrés dentro de las familias. No solamente la escasez de recursos además la propia crisis, la incertidumbre, la necesidad de ajuste a las nuevas situaciones, las noticias, la desesperanza y desilusión que ocasionan un gran pesimismo y pasividad e influye en las relaciones sociales e intrafamiliares.

Durante los primeros años los modelos adultos en la interacción no solamente con respecto al niño sino de las interacciones con otros adultos, configuran la base para el desarrollo de constructos cognitivos, esquemas de cómo deben ser las relaciones con los demás y cómo afrontar los conflictos que influyen en el desarrollo emocional.

 

Así pues, es importante que los adultos gestionen adecuadamente su propio estado emocional. Nuestro objetivo en este pequeño artículo es procurar una serie de orientaciones para afrontar  con serenidad las situaciones cotidianas, que sobre todo durante los primeros años de vida, influyen en el desarrollo psicológico y en la adaptación personal y social del individuo.

 

Autoconciencia de la situación emocional. Cuando nos sentimos bien, somos más capaces de valorar en su justa medida los problemas. No sufrimos por tonterías y lo más importante, tenemos expectativas positivas de los demás y nos sentimos mejor.

 

Cuando nos sentimos bien, cuando nos encontramos sosegados, los que están a nuestro alrededor también se sienten así. La paz y la tranquilidad se contagian, sobre todo a los niños pequeños.  Cuando nos queremos a nosotros mismos podemos querer a los demás.

La observación atenta y minuciosa, libre de  juicios y prejuicios nos permite un conocimiento menos condicionado por la emoción. Si estamos atentos, miramos y si miramos vemos. Si estamos atentos mitigaremos las cosas negativas que vemos y nos permitirá actuar con más ecuanimidad.

 

Practicar el autocontrol. Cuenta hasta 10 antes de reaccionar. El hecho de tomarse un tiempo es una actitud balsámica y un antídoto para el desasosiego. Ayuda a reflexionar a mitigar la ansiedad  ya evitar la desesperación, la ira y el mal humor.

 

 

Haz una cosa cada vez. La vida no es una emergencia. Si tienes que elegir, primero haz lo importante y luego lo urgente.

 

 

Realiza continuos ejercicios de paciencia, la paciencia nos da equilibrio, nos permite reflexionar sobre el presente. La impaciencia nos aturde, genera inquietud y ansiedad, provoca angustia y nos desconecta de la realidad momentánea y presente, aumenta la tensión y nos hace ver las cosas en su sentido negativo. La paciencia fortalece el carácter.

 

Aprende a esperar. La búsqueda del resultado inminente y rápido nos hace obrar con impulsividad. Hay muchas cosas en la vida, sobre todo la educación de los hijos, en las que los resultados no se ven inmediatamente, hay que obrar en el momento con idea de que el resultado se verá más adelante. Pon tu esfuerzo donde realmente merezca la pena.

 

Practica la empatía. La empatía permite penetrar en el pensamiento y en el corazón del otro y mejora las relaciones con los demás. Di a las personas que tienes a tu alrededor lo que te gusta  de ellas además de lo que no te gusta. Esto ayuda a construir mensajes positivos y no negativos y genera una buena autoestima.

 

Pensar en que los otros no tienen mala intención. A veces nosotros también hacemos cosas sin mala intención y no nos gusta que los demás se lo tomen mal. El estrés genera desconfianza, desarrolla mal humor. Es frecuente pensar que los niños pequeños hacen cosas  para “fastidiar” a los adultos, no hay dobles intenciones ni necesidad de revanchismo. Esto lo aprenden de los adultos.

 

 

NO OLVIDES QUE

 

La paz y la tranquilidad se contagian. Los niños pequeños necesitan adultos tranquilos, templados y optimistas. Si no estás bien, preocúpate de estarlo porque tus hijos te necesitan sereno y calmado. Esa es la manera de afrontar los pequeños conflictos, de tomar decisiones adecuadas y de actuar con paciencia y ecuanimidad.

 

Cuando estamos tranquilos, podemos observar de una forma más atenta y objetiva. No magnificamos los problemas y somos más capaces de mitigar las cosas negativas que vemos, no dramatizar situaciones y reflexionar sobre su importancia.

 

Practica la sonrisa y el buen humor para aliviar tensiones y para desdramatizar.  Di a  los que están a tu alrededor lo bien que estás a su lado y haz actos de amor hacia ellos. Enséñales a tus hijos a sonreír y a practicar el buen humor.

 

No debemos olvidar que nosotros los adultos, no hemos terminado de crecer, nuestros hijos nos enseñan. El desarrollo es un proceso continuo e inacabado.  

 

 

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