La vuelta al “cole” después de Navidad

El curso se reanuda en enero después del paréntesis de fiestas, comilonas, familia, belenes, luces, compras y cabalgata…

                Algunos niños entran por la puerta de la escuela resistiéndose inútilmente “¡Otra vez aquí!”, piensan; otros, contentos con nuevos objetos en la mano para enseñar a todo el mundo “esto que me han traído los Reyes”; otros, corriendo hacia el reencuentro con adultos y pequeños “¡Qué bien, puedo jugar otra vez con mis amigos!”. Los padres y madres les despiden con cariño y cara de alivio… ¿tendrán estos comportamientos algo que ver con el tiempo que los padres dedican a sus hijos durante las vacaciones?

           A lo largo de los años, los profesionales de la enseñanza en la escuela infantil, venimos observando que los niños vuelven cambiados después de la Navidad ¿cómo es posible si solo han pasado unos días? Todos los cursos sucede lo mismo: hay que esperar hasta enero para valorar la evolución del desarrollo de los pequeños, ya que durante las vacaciones navideñas los niños y niñas cambian ¡y tanto que cambian!

            Estas vacaciones producen alteraciones (generalmente positivas) en los niños pequeños y siempre, intuitivamente,  hemos achacado estos cambios a la estimulación extra que reciben (dedicación, tiempo, juegos y actividades compartidas…).

            Por un lado, son fiestas en las que los niños ocupan un lugar preferente. Los padres y madres suelen tener más tiempo para dedicar a los suyos y se llevan a cabo más reuniones familiares, en las que los pequeños pueden interactuar con miembros de la misma a los que, tristemente, solo pueden ver en estas ocasiones.

               Los que tienen 12 m. en adelante, se ven desbordados por la gran cantidad de estimulación sensorial: las calles engalanadas con luces, los villancicos, los vistosos árboles de Navidad y un gran abanico de nuevos olores y sensaciones por descubrir. Alrededor de los 24 m., los niños despiertan a la “Magia de la Navidad”. Por fin pueden entender mucho más lo que sucede durante estas fechas tan señaladas: que los Reyes Magos traen juguetes, que Papá Noel viene desde muy lejos y que hay que portarse bien para no recibir carbón; se construyen en familia símbolos navideños como el árbol o el belén y los paseos y los viajes enriquecen sus experiencias. Y todo esto sin entrar en los juguetes y el juego, una de las actividades más importantes para ellos.

                     Los niños disfrutan de su protagonismo durante estas fechas y, en general, vuelven muy cambiados: normalmente más despabilados y despiertos, sintiéndose más seguros y capaces de afrontar nuevos retos, más reactivos y maduros.

                   Nos gustaría que los padres reflexionaran sobre la importancia para el desarrollo de los niños, de ese tiempo-extra que se les dedica en Navidad y sus beneficiosas consecuencias. ¿Por qué no tratamos de hacer un esfuerzo-extra para estar con nuestros hijos durante el resto del año?

                    Por último, hay que considerar también la importancia y la perdurabilidad de los recuerdos de las Navidades en los niños, pero llega el momento de guardar el árbol y las bolas, recoger el Belén y volver a la regularidad y las rutinas, que tanta seguridad les proporciona a los niños pequeños. Ante la ausencia de niños en casa nos damos cuenta: ¡qué falta nos hacen!, pero ellos y ellas, probablemente ya estén imaginando la próxima Navidad.

Al mirar a nuestros hijos e hijas pequeños, nos evocan recuerdos mágicos de nuestra propia niñez.

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