La alimentación – aspectos educativos. (Parte II)

Orientaciones para hacer de la alimentación un momento placentero y útil para el desarrollo de los niños y para las relaciones familiares.

En general, un niño a partir de los 12 meses ya puede llevarse la cuchara a la boca y mantenerse sentado, como el resto de la familia. A partir de este momento y, en algunos aspectos mucho antes, puede aprender a:

  1. Comer solo/a. No hay nada que satisfaga más a los niños que hacer las cosas por sí mismos. Al principio seguro que derraman mucha comida y se ensucian, pero la mejor forma de aprender es la práctica.
  2. Pedir su colaboración. Cuando participamos en la preparación de las cosas nos sentimos más implicados y le damos más valor. Esta colaboración será de acuerdo con la edad pero siempre hay algo que les podemos pedir: lavar la lechuga, llevar cosas a la mesa (aunque sea las servilletas que no suponen ningún peligro si se le caen), etc. Seguramente se mostrará contento o contenta y satisfecho por haber ayudado.
  3. Enseñarle el “laboratorio” para que vea cómo se transforman los productos que traemos del supermercado en rico alimentos: ¡magia!.
  4. No servirle siempre en primer lugar, hay turnos y tenemos que esperar.
  5. Darle a probar los nuevos alimentos y que vea cómo los adultos también los prueban. No le vamos a exigir que coma toda la ración, pero sí que pruebe. Hay que prohibir la frase “no me gusta” si no se ha probado antes.
  6. No servir excesiva cantidad para poder premiar el plato vacío. Si se lo come todo, podemos preguntar si quiere más. De esta manera aprende que él decide en ese aspecto (no en lo que va a comer, eso es decisión del adulto, sino en cuánto va a comer que depende del hambre que tenga).
  7. Incluirlo en la conversación si su actitud es la adecuada.
  8. Permitirle elegir el postre si ha comido bien, siempre entre las opciones permitidas. No debemos preguntar qué quiere de postre pero podemos dejarle elegir entre dos frutas o entre dos lácteos.
  9. Recordarle de vez en cuando lo rica que está la comida y lo bien que está comiendo. De esta manera premiaremos atendiendo cuando su actitud es positiva.
  10. Procurarle las ayudas necesarias pero no más de las necesarias. Los niños se cansan de comer y tenemos que estar pendientes para proporcionar la ayuda en el momento oportuno.
  11. Servir la cantidad que sabemos que puede comer. Tendemos a llenar en exceso los platos con la idea de que así va a comer más. Pongámonos en su lugar: si a nosotros nos sirven un plato excesivamente lleno ¿qué sentimos?…
  12. Si no quiere comer, no hay que darle atención extra por ese motivo sino en el caso contrario.

Algo importante: no seamos demasiado rígidos pero tampoco renunciemos a las normas básicas. Es decir, podemos negociar y ceder pero algunas decisiones y normas corresponden al adulto y no al niño.

Comer en familia, utilizar el momento para hablar de nuestras cosas e incluir al niño o niña en la situación es lo más adecuado, evitando los distractores (TV, juguetes, video, hablar por teléfono…). De esta forma  contribuiremos a desarrollar en los niños y en la familia en general una actitud positiva ante la alimentación.

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